miércoles, febrero 01, 2006

MUNICH

Prometí un artículo detallado de esta película, que en el cine es de lo mejorcito que he visto en mucho mucho tiempo.

Es sencillamente genial, y es tan genial por lo sencilla que es. Una muy buena película, con un muy buen director, un muy buen reparto, y una muy buena historia.

Y precisamente en la historia está la clave. Nunca jamás, desde la Naranja Mecánica una película me había hecho pensar tantísimo y en tantísimas cosas como Munich lo hizo. Pero esta película plantea, ante todo, muchas preguntas.

La preguntason, en apariencia, sencillas, pero muy difíciles (¿imposibles?) de responder "bien".

¿Cuánto valen tus ideales? ¿Realmente una persona puede estar tan convencida de lo que hace que lo lleve hasta las últimas consecuencias? Hasta dónde se puede llegar por conseguirlo no es la cuestión, porque se puede llegar hasta la muerte; la cuestión aquí planteada es, llegados a x punto, cuán lícito es llegar a ese extremo X. Unos dirán que nada lo justifica; otros que esta justificado al 100 %. Yo no estoy ni en un extremo ni en el otro; pero francamente, no puedo responder.

Siguiendo con lo anterior ¿Quién determina qué extremo es el bueno y qué extremo es el malo? ¿Cuál el alabable y cuál el reprobable? Yo creo que, humildemente, he llegado a sacar una conclusión que Spielberg quería reflejar en el filme (a pesar de que dijera que él moriría por América e Israel). Lo que creo que Spielberg quiere hacernos ver, es que no existen razones, que no existe ni el bien ni el mal, solo violencia, política, muerte... acciones, todas ellas acciones, y que estas tienen sus consecuencias. Buenas o malas, eso queda ya en el prisma de quién se atreva a ponerlo.

Son mucho los interrogantes, reflexiones y pensamientos que esta película me abre. Todo un auténtico torrente que, con ninguna gracia, he intentado poner lo más ordenadamente posible. Me siguen quedando muchas más cosas en el tintero, pero dejo estas que son las principales, porque si las pusiera todas no acabaría de escribir hasta mañana.

Realmente no es justo esto que voy a decir, porque no he visto las otras películas nominadas, pero lo diré igualmente (supongo que mi post, al igual que la película, no puede considerarse neutral): si el cine puede utilizarse para plasmar las realidades y enseñarnos y aprender de ellas, no es menos cierto que puede abrirnos interrogantes, nuevos para unos, viejos para otros. Sin duda alguna (y ya digo que incluso a mí me parece injusto decir lo que sigue), en mi opinón merece ser esta la ganadora a mejor película en los Oscar sin discusión alguna.

Espero no haberos defraudado mucho con el post, pero necesitaba bsoltar todo esto, lo tenía guardado desde hace días. Quedad con Dios y escuchad la banda sonora, a cargo del maestro John Williams.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No sé si has visto Brokeback Mountain, pero de haberlo hecho quizá cambiaras de opinión. Y quizá te pasaría lo mismo con Good Night, and Good Luck., con Capote, o con Crash (esta última creo que sí la has visto), pues son éstas unas nominaciones muy interesantes en lo que a películas se refiere. Hay mucha crítica, muchas cosas sobre las que pensar, y ciertas causas que son tal vez más acuciantes que las de Munich. Pero bueno, lo mejor sería verlas todas, reflexionar sobre todas y quedarnos con eso, y no con quién la tiene más larga. :-)

Anónimo dijo...

Como bien dijo Umberto Eco, el autor debería morirse después de haber escrito su obra, más que nada para evitar conducir las opiniones de los lectores (público, en este caso). Que Spielberg haga declaraciones al respecto es lo peor que se le podría ocurrir, él debe plantear su obra y dejar que los otros saquen sus propias conclusiones.
¿Qué es lo bueno y qué es lo malo? Al menos yo, humildemente, no necesito a un Ambrosio de Milán que me muestre los errores del maniqueísmo, ni un San Buenaventura que me sermonee con discursos filosóficos, ni un Vicente Ferrer que me recuerde lo malos que eran los judíos, tanto que en Juan, 19, gritaban al gobernador romano aquello de "Tolle, tolle, crucifige eum!". Con el tiempo he aprendido que lo verdaderamente importante son los ideales, y que, dependiendo de ellos, lo que haya a la otra parte del cristal rosa será lo reprobable, mientras que aquello que esté en nuestra parte será lo justo, porque es, de nuestra justa ciencia, como diría algún Carlos III, lo que encaja con aquello en que hemos depositado nuestra fe. ¿Está bien matar? Es una pregunta ética. ¿Está bien matar judíos? La cosa cambia, porque en nuestra sociedad pesa todavía mucho la matanza de hebreos llevada a cabo por los nacionalsocialistas alemanes (las otras víctimas han sido olvidadas como las calles de Checoslovaquia en la obra de Milan Kundera, por ahora). Y la pregunta es más ética todavía si cabe. A mi parecer, que no es más que mi parecer, Munich intenta reflejarnos una pregunta más compleja si es posible: ¿és ético, es moralmente aceptable, en definitiva, es justo que un pueblo que ha sufrido tanto como el judío y que ha sido atacado en tantas ocasiones, como se nos quiere obligar a que tengamos presentes (somos los herederos del pecado), devuelva con la misma moneda aquello que le ha estado siendo infringido? Es decir, ¿pueden los judíos matar a los palestinos, por muy terroristas que se diga que sean? ¿Quiénes son, en ese caso, las víctimas, y quiénes los torturados, quiénes los colonos y quiénes los colonizados, quiénes los ganadores y quiénes los perdedores? Nadie. Nadie porque, como Baudolino, que raspaba pergamina para escribir su historia, todos mienten, porque son Pantagrueles, porque es un baile de máscaras en el carnaval veneciano. Todos actúan por cuenta propia, y todos, todos, poseen un cristal por el que mirar y un espejo, como el del Callejón del Gato, donde sentarse a contemplar su realidad, deformada.
Omnis vulnerant, postuma necat: todas hieren, la última, en cuanto llegue el final de la obra que se representa en este corral de comedias, será la que nos lleve a todos al carajo.

Anónimo dijo...

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